Muy buen dĂa
Un dĂa me encontraba en la fila de una tienda de provisiones detrás de un hombre que estaba pagando su compra. Cuando terminĂł, el empleado lo despidiĂł diciendo alegremente: “¡QuĂ© tenga muy buen dĂa!” Para sorpresa del empleado (y mĂa tambiĂ©n), el hombre explotĂł en ira: “Éste es uno de los peores dĂas de mi vida –gritó–. ÂżCĂłmo voy a tener muy buen dĂa?” Y con eso saliĂł de la tienda