Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discÃpulos habÃan ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judÃo, me pides a mà de beber, que soy mujer samaritana? Porque judÃos y samaritanos no se tratan entre sÃ. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirÃas, y él te darÃa agua viva.
Juan 4:7-10
Reflexión: Está mujer era
1) samaritana, miembro de la odiada raza mixta,
2) tenÃa una mala reputación, y
3) estaba en un lugar público.
Ningún judÃo respetable le hablaba a una mujer bajo estas circunstancias.
Pero Jesús lo hizo. EL EVANGELIO ES PARA TODOS, sin importar raza, posición social ni pecados cometidos. Debemos estar preparados para extender su Reino en todo tiempo y en cualquier lugar. Jesús cruzaba cualquier barrera por predicar las buenas nuevas y, quienes lo seguimos, no podemos hacer menos, que llevar su EVANGELIO A TODOS.
Bendiciones